


Escribo esto para recordar cómo me siento en estos momentos en que intento seguir mi vocación y a la vez cumplir con los tantos compromisos de la vida...



Mixta
No sé exactamente por qué quise abrir una galería de arte en El Barrio. La idea había surgido junto con una amiga que luego se fue de Nueva York. Yo no sabía nada de galerías, no conocía a casi nadie interesado en el tema y no tenía un plan realista de lo que podía o iba a hacer. Tenía una idea vaga de que quería tener un estudio y exhibir arte. Había terminado mi MFA hacía 4 años y me sentía muy desconectada de mi intención original.
En diciembre de 1999, abrió Mixta Gallery. Invité a todos los artistas que conocía en ese momento a pintar el borde del piso y a participar en una exhibición colectiva. Ese día conocí a Tita Dalia, que apenas podía sentarse porque estaba embarazada, pero que regresó para hacer una exhibición más tarde. Nos hicimos amigas inmediatamente.
Creo que ese fue el día que conocí a Carlos Rodríguez, el poeta dominicano. Posiblemente fuera uno o dos meses más tarde, pero él fue el primero en ver el espacio como un lugar para leer poesía.
Yo siempre había escrito y algunas de mis obras llevaban poemas o eran un libro. Me gustó la idea y nos pusimos de acuerdo. Él presentó su poesía junto a Carmen Valle, la poeta puertorriqueña, que fue su invitada.
Carmen Valle trajo unos libros que me gustaron mucho. Era una edición de sus poemas con dos tapas de cartón corrugado amarradas por un cordón y adentro los poemas. Recuerdo que intercambiamos un portafolio hecho a mano por una copia del libro. Ese libro fue la inspiración de los libros que publicaría más tarde junto al grupo de mujeres que alguna gente llama las “Mixtas”.
Organicé una exhibición por mes ese año. Inmediatamente me di cuenta de que el lugar era un experimento y no un negocio. Decidí que no se cobraría ni a los artistas ni a los asistentes. Fue lo mejor. Eso propició que llegara gente de todas partes y de todas las inclinaciones. Tuvimos celebraciones gay, promesas de navidad, clases de yoga, de bomba, música experimental, y sobre todo, poesía. La gente me decía lo que quería hacer y lo hacíamos. Sacar el dinero del tema me dio mucha libertad. Nunca fue una limitación para hacer cualquier invento que viniera a la mente.
Un día, ya casi al final del 2000, llegó Tato Torres. Lo trajo Pedro Rivera, el cineasta, que en ese tiempo vivía en el edificio. Carlos y yo conectamos y él venía todos los días a trabajar en sus cosas y usar la computadora. Me daba muchos consejos de publicidad y me ayudaba a hacer flyers y mandar emails para traer gente. Así fuimos haciéndonos buenos amigos y colegas, y hasta descubrimos que teníamos raíces en el mismo barrio de Puerto Rico.
Tato comenzó a organizar una serie de promesas y vino mucha gente que luego compondría la población de la galería. Él trajo a Prisionera, Yari, Raquel, Bruni, Alexandra, Sandra, Mercedes y Camilo, músicos como Alex, Georgie, y muchos más.
Un día estaba yo en el segundo piso y escuché a alguien recitando poesía estilo Luis Palés Matos. Me asomé por la ventana y era Prisionera. Desde allí le grité que me gustaba y nos pusimos de acuerdo para que hiciera una presentación.
En esos días hubo también un taller de baile de bomba con Alexandra y una de las participantes que llegó fue Yari. Tato ya me había mostrado su poesía y le hablé de la presentación de Prisionera y la invité a ella también.
Esa noche vino mucha gente y hubo mucha alegría. Era, creo, la primera vez que Yari se presentaba en público, así, de estrella. Prisionera ya tenía más experiencia, pero igual había un sentido de novedad en el ambiente. Recuerdo bien que Prisionera de momento anunció que le llamaríamos a este evento Noche de Poesía en Español y que la haríamos el primer viernes del mes. Fue una inspiración del momento y se sintió muy natural que fuera así. Ella se convirtió el la maestra de ceremonias y animadora de la noche.
Tengo la impresión de que fue esa misma noche que llegó también Verónica de Nadie, que en ese momento todavía era Verónica Durán. Tal vez no, pero sé que la fecha fue cercana de todos modos. Conocí a Verónica por medio de mi suegra que llevaba a Julián a jugar al parque con su amiguita Irina, la hija de Verónica. Un día nos presentó y, al igual que con Yari, fue amor a primera vista. Verónica apareció esa primera noche de poesía y me preguntó si necesitaba ayuda y yo la mandé a buscar sillas a mi apartamento del segundo piso, lo que la dejó impresionada y encariñada a ella también. Creo que esa noche también llegaron Guariko y Yarí Taína.
Siguieron las noches de poesía y la energía de la poesía en español fue creciendo hasta atraer a poetas de diferentes tradiciones o escuelas, los dominicanos, los nuyorican, gente de otros estados. Sobre todo, se fue estableciendo una hermandad entre los más jóvenes que empezaron a mudarse cerca de la galería.
Verónica se convirtió en Verónica de Nadie cuando su esposo se fue para Ecuador y ella se quedó conmigo en mi casa. Luego se mudó a su propia habitación en lo que más tarde sería la Casa Kushka, o sea, la casa de Doña Gloria al lado de mi casa. Ella abrió las puertas de esa casa y terminadon viviendo allí varios personajes de la galería: Yari, Guariko, Yarí, y varios más.
En el verano del 2001 me diagnosticaron cáncer y recuerdo que esa misma noche fui a la noche de poesía. Yo no tenía que hacer tanto: Prisionera, Yari, Raquel, Yarí, Guariko, Tato, y otros más estaban ahí para que todo se diera. En esos tiempos empezamos a hacer libros. Trabajamos en grupos, jalando a quien apareciera para trabajar. La verdad era un trabajo duro hacer 125 libros a mano, pero fue una oportunidad de compartir y comunicarnos. Nos divertíamos y yo me distraía de mis problemas.
La noche en que se presentaron los libros fue tal vez la culminación de esa etapa, aunque no acabó ahí. Fue una noche llena de emoción. Es un poco triste para mí recordarla porque tantas cosas pasaron después. Tengo una foto muy bella de todas las poetas: Prisionera, Yari, Yarí, Tita, Verónica y yo.
Tengo los tiempos algo regados en la mente, pero hubo otro evento muy importante después de esa noche. Fue la presentación del libro That Kiss de Sandra García Rivera. Ella convirtió la galería en una gran feria del beso. Esa noche Sheila Candelario me regaló el papel con un poema titulado “Cuando haces llover” que me gustó mucho.
Quisiera ser de esas personas que lo apuntan todo para haber llevado un diario de estos tiempos, pero tiendo a confiar demasiado en mi mala memoria. Recuerdo que después de todas estas cosas llegó el momento de irse. Yari se fue a Francia. Guariko, Tato, mi papá se fueron a Puerto Rico. Tita está en Florida. Sandra está en California. Sheila acaba de regresar a El Barrio. Verónica está en Ecuador. El pintor Edgar Marín también. A los fieles músicos de la noche de poesía, Toño y Danilo, no los he vuelto a ver. La única que se ha quedado en El Barrio como yo es Raquel, ¡mi salvación en este desierto! Poco a poco me fui acostumbrando a la vida sin tanto bullicio. Decidí cerrar la galería porque me enfermé de nuevo y ya todo el mundo había comenzado a echar alas. Era hora de yo también volar y empecé a dedicarme más seriamente a mi propio trabajo artístico.
Me gusta pensar que el momento que vivimos fue importante para todos nosotros. Cada uno ha seguido desarrollándose en su arte o música, muchos han terminado maestrías, libros, han construido carreras. Para mí, fue un momento en el que pude comenzar el camino hacia mis sueños y han pasado muchas cosas buenas desde entonces.
Realmente no echo de menos estos tiempos, aunque me dé un poco de nostalgia recordarlos. Creo que siento así porque fue un momento difícil en mi vida y porque surgieron conflictos entre los personajes, como aparentemente siempre pasa donde se juntan demasiadas pasiones… Pero haber vivido esto no sólo fue importante en mi vida sino que fue determinante. No estaría hoy aquí, en mi taller, rodeada de mis proyectos y viviendo la vida que no me atrevía ni a imaginar antes de que estas personas pasaran por Mixta y por mi vida. Su presencia me dio el apoyo, la tribu que necesitaba para poder despegar. Todos están permanentemente en mi corazón.


Recuerdo a un padre
que corta el cordón umbilical de su hijo.
Juega con esos pequeños dedos.
Olvida que nunca tuvo padre,
y le enseña la ternura al ser que crea.
Un padre
que lleva a su hijo en hombros a la universidad
porque no hay madre, y él es su madre.
Un padre
que ama a los hijos enjendrados por otro padre,
sólo por el amor que está dispuesto a dar.
Un padre
a quien le han negado sus hijos.
Un padre
adolescente
que no quiso ser padre,
pero descubre que puede serlo.
Un padre
que en realidad debió ser una madre,
y es ambos.
Entonces imagino a un padre
que está presente,
que sabe amar,
que sabe abrazar y besar,
que sabe hablar y escuchar,
que sabe jugar y reír,
y que sabe que su vida
tiene propósito
porque es padre.
Para los padres y las madres-padres. Pinté a San José, que según cuenta la historia, crió con amor al hijo de otro, y lo sostiene porque sabe que un padre completa el rompecabezas de la vida de sus hijos.
