Thursday, September 27, 2007

Cómo pude pintar

Estaba una noche hablando con Yari. Habíamos tenido una visita en la que se desarrolló una conversación sobre las quejas de los artistas. Yo me fui retirando de la conversación porque la sentía pesada. Mis quejas son comparativamente simples: tengo que trabajar tanto para poder ganar lo suficiente para vivir que cuando llega la hora de crear estoy gastada. Pero los artistas se quejan realmente de otras cosas: el amiguismo, las galerías, las palabras y planes huecos. No entendí del todo la conversación pues me puse a escribir y a atender a Julián.

Luego Yari y yo hablamos un poco porque noté que ella estaba agotada, como si le hubieran sacado la energía en un par de horas. Entonces le conté cómo comencé a pintar, a ella que fue la primera persona en llamarme "pintora". A ella, entonces, le debo mucho placer y alegría. Y le conté algo así:

Fui a estudiar arte a una escuela como todas. Los profesores hacían de la crítica su enseñanza. Es así como se enseña al artista, con crítica. Pero había profesores que no usaban esta técnica. Por eso estudié grabado, la profesora Michi Itami venía de California y había sido ceramista antes que profesora. Caminaba de un lado para otro mostrándonos qué hacer. Me dejaba quieta para que trabajara en lo que quisiera. Sugería cosas sutilmente, tamaños más grandes, nuevas técnicas... dejaba crecer a su paso. Pasé los últimos dos años escondida en el taller de grabado en cada oportunidad que tenía.

Tengo grabadas en la cabeza las sesiones de crítica. Eran largas y aburridas y sospecho que todo el mundo terminaba trabajando para evitar la crítica negativa. Los profesores de pintura eran seguidores del expresionismo abstracto e imponían su visión. Las figuras estaban prohibidas.

Así que nunca aprendí a pintar. Hice muchos ejercicios y nunca aprendí nada.

Iba a la biblioteca y sacaba libros de pintura. Miraba libros de técnicas. Intentaba en casa. Pero las palabras de los profesores se me habían fijado y no me dejaban liberarme de sus conceptos y encontrar mi propio idioma.

Abandoné la pintura excepto por la pintura de camisetas y los retratos a la acuarela, que me enseñé yo misma con libros.

Un día me enfermé y tenía unos canvas. Entonces no quise pensar más en las palabras de los profesores. Ya no tenían valor. Nada tenían que ver con lo que yo estaba sintiendo en ese momento. Recibía una mala noticia tras otra y necesitaba un escape. Entonces encontré los viejos óleos y dibujé unas mujeres con bebés, embarazadas, con leche. Tal vez buscaba generar vida. Tal vez necesitaba reconciliar mi esfuerzo con la maternidad y lo que quería hacer en la vida. Ser madre es algo duro. Pierdes, al parecer para siempre, el derecho a dormir, a comer, a decidir, a escapar, a desaparecer. Los primeros días de ser madre me sentí como una leona enjaulada. Estaba sola, tenía miedo, no había dormido ni comido ni tomado lo suficiente. Si mi abuela no me hubiera rescatado no sé cómo hubiera manejado la situación. Y ahora estaba enferma como si mi cuerpo ya no resistiera más el trabajo, la maternidad, el encierro, la soledad.

Empecé a pintar las mujeres. Los colores eran puros y brillantes. Luché por borrar las palabras de los profesores y simplemente pintar lo que me hiciera un poco más feliz.

Entonces comenzaron a salir las Pipas.

Tuve que hacer un esfuerzo y una decisión de no escuchar las voces de otros en lo que debe ser un proceso y una labor íntima. Todavía soy hiperconsciente de lo que piensan los demás de mi trabajo en la pintura. Pero sigo mi instinto y creo las cosas como las deseo.

Mi única maestra fue Frida Kahlo. Y Medeline Gekiere (ese apellido está mal escrito) que me enseñó a dibujar en mi primer semestre como estudiante de arte, para ella el último semestre antes de retirarse. Me llevó a su casa y trató de ampararme bajo su ala. Pero yo era muy tímida, muy miedosa y no pude mantener o aceptar su abrigo. A Frida la descubrí en una charla de un profesora de historia del arte. Leí su biografía y cómo aprendió a pintar, como pintaba con pequeñas pinceladas y cómo le gustaba que su arte fuera "primitivo". Cuando pude verlas en persona, las pinturas de Frida Kahlo me impresionaron por sus colores brillantes y llenos de vida y energía. Nunca he visto nada tan fijamente. Si ella no hubiera existido, yo nunca habría pintado, aunque también me fijé en Henri Russeau y Matisse. Matisse es maravilloso y admiro sus colores, composiciones y libertad. También están Nick Quijano, Tarsila do Amaral, María Izquierdo. Todo el Museo Metropolitano, el MOMA, los santos de palo y las estampitas. El arte medieval, las miniaturas de India y el Medio Oriente, los tatuajes y los libros de pintar, los grabados japoneses y Mary Cassat, Kiki Smith, Georia O'Keefe. Hay más en el mundo que en ninguna escuela. Creo que, sobre todo, es la obsesión lo que nos enseña arte, la obsesión y la libertad.

Así que existo fuera de ese mundo de artistas, ya sea por obligación o por decisión. Existo fuera del mundo de la crítica y ni siquiera he intentado las cosas que hacen otros artistas, como exhibir en galerías importantes. Uso el arte como método de comunicación con personas ajenas a este mundo y más cercanas a su propio espíritu. El arte me ha llevado a conocer un mundo de energía espiritual que la enseñanza tradicional me había vedado.

Una vez Sandra García Rivera me dijo que si se tiene un talento hay que honrarlo. Ella que es tan talentosa de tantas formas tiene que saber de lo que habla. Por eso lucho cada día por no darme por vencida y por ver cómo mi talento puede servir más allá de engordar mi ego.

Trabajo con gente que es extremadamente talentosa y al a vez extremadamente humilde: Raquel, Yari, Sandra, Sheila, Nicole, Verónica, gente que asume su talento y trata de honrarlo pero a la vez mantiene el balance entre su vocación y su humanidad. El arte, al menos para mí, es un vehículo en el que la creación se efectúa de muchas maneras, a veces con una sola obra. La crítica no viene al caso porque a la crítica y a los museos, a las galerías y las revistas les falta algo en su comprensión del papel del arte en nuestra sociedad. El arte no es un mero objeto de lujo para comprar, vender, lucir y estudiar. Es un proceso por el cual honramos y celebramos todo lo que nos da vida. Es un proceso para sentir. Por eso me he dado permiso para pintar y nunca dejaré de hacerlo.

Creo que tal vez Yari se sintió más liberada esa noche. Yo ciertamente me sentí más viva. Al otro día se fue y me quedé un poquito triste. No porque quisiera retenerla, ella siempre está aquí y en cualquier parte. Pero su presencia física es siempre un regalo y el contraste entre la felicidad y la falta de lo que te da felicidad siempre es notable. Pero que cosa, me quedé pintando. No he parado desde entonces. Todos los días un poquito. Y también me quedé escribiendo. Y he hecho cosas y tomado decisiones respecto a mi vida que antes no tenía fuerza para sacar de adentro. Nuestra conversación de tres días corridos surtió su efecto mágico. Y aquí estoy sintiendo que no hay nada ni nadie que pueda volver a romper el encanto.

4 comments:

raquelzrivera said...

Aaaaaaaameeeeeeennnnnn!!!

sheila said...

Tu proceso es inspirador y tu arte un regalo. Gracias. No paremos de crear!

Yari said...

Querida Tanya

Gracias gracias gracias. Leí el blog y me emocionó mucho. Yo me di cuenta de que tu silencio significaba algo muy importante. Hablo de aquella noche, cuando conversaba sobre "el amiguismo, las galerías, la crítica", entre otras cosas.

Esos debates hacen muy infelices a la gente talentosa. A veces pienso que muchos terminan apoyándose en ese ciclo vicioso (crítica - inseguridad, talento � aprobación externa) para crear sus trabajos. Es su gasolina. Pero se hacen mucho da�o en el camino. Aunque, irónicamente, la fama y el reconocimiento termine aplaudiéndolos. Y eso sin mencionar quienes se lucran y se benefician del ciclo vicioso.

Sabes, a veces veo en esos círculos unas dinámicas muy fuertes, espiritualmente hablando. Se alimentan, y se roban la energía. Se montan en los miedos y las inseguridades del otro. Por eso yo tampoco quiero compartir de esa manera. Y si voy a mostrar mi trabajo al mundo, quiero estar preparada. Lo ideal es estar segura de mí misma (sobre todo) y mi propósito. Obviamente no es un proceso fácil, pero es mucho más iluminador- rico pleno que cualquier crítica, premio o publicación.

Un abrazo

Yari

raquelzrivera said...

Qué suertuda somos de tenernos unas a otras... si no fuera por eso... como dice Alexandra la bombera del Barrio... "que essssspanto".

Tanya... no he dejado de pensar en este post. Espero que siga creciendo esta tu serie de escritos sobre filosofía del arte y la vida (este post es mi favorito junto con el del amor y la posesión).

Esta mañana tus palabras me resonaron cuando me daba mi pequeña dosis diaria del Tao Te Ching. Dice el entry #45:

True perfection seems imperfect,
yet it is perfectly itself.
True fullness seems empty,
yet it is fully present.

True straightness seems crooked.
True wisdom seems foolish.
True art seems artless.

The Master allows things to happen.
She shapes events as they come.
She steps out of the way
and lets the Tao speak for itself.