Monday, June 12, 2006

Tribu

Hace unos días que terminé de leer el libro sobre Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre. No sé si a todo el mundo le pasa, pero cuando termino de leer un libro que me ha entusiasmado mucho, me quedo como si un buen amigo se hubiera mudado de país y no lo fuera a ver más. Estos dos, Simone y Jean-Paul, ni siquiera me caen del todo bien, ¡pero cómo los estoy extrañando!

Mientras estuve leyendo el libro, me entró "la furia creativa". Me llené de valor, trabajé fuerte en el ensayo (Feminismo...), planeé mi vida para el año que viene y hasta conseguí un trabajo (suficiente dinero, menos horas, muchas menos!) para el próximo semestre. De alguna manera las vidas de ellos, su dedicación a su obra, su creencia firme en que estaban haciendo algo trascendente, me dio una extraña energía para continuar mis propios proyectos. Desde que comencé a trabajar en septiembre, había perdido casi completamente la fe. Me sentí derrotada -por mí misma- ante mis circunstancias. Aún no me recupero del todo, pero estoy recobrando poco a poco la idea de que sólo voy a lograr la libertad, y por consecuencia la felicidad, si yo misma me doy permiso de vivirla.

Por libertad me refiero, al menos en estos momentos, a permitirme pensar que tengo derecho a administrar mi tiempo para acomodar en un lugar de importancia mi tiempo de trabajo creativo. Cuando pensaba en dejar Boricua, pensaba también que me estaba cerrando la oportunidad de tener espacio propio. Un día, sin embargo, mi amiga Sheila me dijo: "Tanya, debes reconciderar Boricua, te está afectando demasiado." Cuando oí sus palabras fue como si hubiera oído el chasquido de los dedos que me despertaría del trance hipnótico. Fue entonces cuando me permití imaginar que podía dejar Boricua Y tener espacio. Un lunes como hoy, así, temprano, me senté aquí mismo y mandé dos emails. A los dos días había recibido tres contestaciones con ofertas de trabajo. La semana pasada me entrevisté con dos de estas personas y ya es oficial, si todo sigue bien: estaré haciendo un mural en mosaico con un grupo de niños y otra profesora en una escuela aquí mismo en El Barrio. También estaré haciendo libros con niños pequeños y sus padres en la misma escuela. Es un riesgo porque sólo es hasta diciembre, pero me compra tiempo en lo que resuelvo todo mejor. Estas oportunidades salieron puramente de mi trabajo de años anteriores, de las clases en la galería y de los talleres voluntarios que hice todo el año pasado. El director me contrató por mi trabajo artístico, porque había visto la pintura de "Las cuatro hijas de Eva" y porque lo había conocido el año pasado cuando fui a su escuela a dar un taller voluntario invitada por una de mis antiguas alumnas de las clases en la galería.

Simone y Jean-Paul me recordaron muchas cosas. Ellos, que concientemente decidieron no tener hijos, desarrollaron sin embargo una "familia". Aunque ellos dos comenzaron como amantes, en realidad, según entiendo, su relación física terminó relativamente pronto. Ambos mantenían relaciones con otras personas, que según se iban añadiendo a sus vidas, iban integrando lo que ellos llamaban "la familia". Las relaciones tomaban el rumbo natural de la mayoría de las relaciones. Comenzaban con una amistad, se convertían en una pasión, degeneraban en rutina y finalmente se reafirmaban en unión permanente espiritual y creativa. Los amantes, los amigos y los amantes de los amigos (y viceversa) se iban añadiendo a la familia porque tanto Simone como Jean Paul no podían concebir el tener que abandonarlos. Si los habían querido, los seguían queriendo.

Siempre me ha pasado eso con mis amigos, y también con mis amantes. Simplemente no puedo dejar de quererlos. Si me hieren, me duele, pero los sigo amando. Puede que decida alejarme, pero el amor se queda allí, transformado pero intacto. A veces ni siquiera se transforma, simplemente se duerme hasta que vuelvo a ver a la persona 10 años más tarde y me doy cuenta de lo mucho que le he extrañado y de que todavía recuerdo los momentos vividos. Sin embargo, hay relaciones, como la de Simone y Jean Paul, que no sé si he vivido. Pienso que uno sin el otro no hubiera podido crear la obra que creó cada uno. Era una unión que iba más allá de la unión sexual o amistosa. Era más bien un compromiso de por vida y a pesar de todo.

En estos momentos, lo más cercano a mi "Jean-Paul" se llama Raquel. Bueno, no sé cual le gustaría ser a ella, si Simone o Jean-Paul, pero la pongo en el lugar más famoso. Cuando nos juntamos, al menos una vez a la semana, nos damos una infusión de creatividad y confianza en nuestro trabajo y en el futuro. Claro, siempre contamos con el resto de la tribu: Yari y Sheila y Sandra, y al menos por mi parte, Verónica. Aunque rara vez coincidimos las seis, su existencia nos hace sentir que somos parte de un contexto más amplio y que no estamos ni tan solas ni tan locas ni tan perdidas en este mundo que tan absurdo puede a veces ser. Alguna vez hace años ya estuvimos todas juntas, aún más personas estuvieron en ese círculo "míxtico", pero ahora estamos todas en caminos distintos. Sin embargo, el saber que esa gente existe, que hay una tribu, por lo menos en mi imaginación y en la de Raquel, nos hace tener más confianza en que podemos sobrevivir y aun ser quienes ya sabemos que somos.

A veces pensamos en qué va a ser de nosotras en la vejez. Si escojemos la pobreza y la vida alternativa y no logramos vivir de nuestro trabajo, la sociedad no nos va a apoyar, eso es seguro. Pues yo le digo a Raquel que tenemos que simplemente conseguir una casa para vivir todas, cada una con su cuarto, y compartir en una gran cocina, y tener un patio y un taller de arte. (Cada quien puede tener su computadora en su cuarto.) A ella le gusta la idea. A mí me da paz.

Un artista sin tribu vive en la nada. Yo lo sé. No fue hasta que encontré a estas personas que pude encontrar la fuerza para dejar salir mi voz. Antes creaba en soledad, sin el apoyo de alguien que entendiera el porqué de todo esto y estuviera dispuesto a compartirlo. ¿Quién más puede saber lo que se siente escribir palabra tras palabra algo que no existía antes y que luego de terminado parece haber salido de algún lugar mágico? ¿O lo que se vive mediante la unión del color y el movimiento del pincel? A ellas no tengo que explicárselo, simplemente entienden que una vez se ha estado ahí, regresar a la "normalidad" es suicidase lenta y dolorosamente.

Y si a veces me siento "destribada" por la distancia y el tiempo, no importa. Lo importante es que existen y que, a partir de ese hecho, y del esfuerzo que hace cada una de estas personas y otras que se han ido añadiendo al nucleo creativo de mi vida, se reanuda el deseo y el compromiso de dejar una huella en el tiempo que de alguna manera valide mi existencia.

1 comments:

raquelzrivera said...

Yo sabía que tenía que leer tu blog antes de sentarme a escribir! Sabía que aquí encontraría pensamientos y sentimientos que me inspirarían a volar aún más lejos.
Yo tu Jean-Paul!? La Jean-Paul de mi jefa, gurú, amiga, hermana y musa? Que honor!
Eres tu mi Simone y mi Jean-Paul a la vez, dos caras de la misma moneda.
agradecida de volar contigo,
RZ