Thursday, May 25, 2006

Simone y Jean-Paul

Estoy leyendo Tete a Tete, un libro que me prestó Raquel y que relata la vida y la relación entre Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre. Estoy viviendo con ellos sus ideas, sus angustias, y también sus placeres. Entre estos, comparto con ellos dos: la escritura y los cafés. O mejor, la escritura en los cafés. No es lo mismo, claro, escribir en un Starbucks que en el Flore, pero en más ningún sitio dejan a uno quedarse por horas y horas a leer o escribir, así que me resigno.

Pero aparte de su hábito de escribir en cafés, he estado aprendiendo, pensando, en sus vidas, tan raras aun hoy. Mediante sus cartas, escritura y anécdotas, la autora hila la historia de su relación y de cómo ésta fue un elemento esencial en el desarrollo literario de ambos. Dependían el uno del otro, de la crítica y también del apoyo, que se ofrecían entre declaraciones de amor y recuentos de sus realciones con otras personas. Se contaban todo, con detalles que para las personas de acá de este planeta serían demasiado dolorosos para encarar. No es que para ellos no lo fueran, es obvio que por lo menos para ella la angustia era grande, pero requiere mucho valor dejar la hipocresía a un lado y aceptar que el deseo y el amor, y todas sus infinitas combinaciones, se viven y se desviven de distintas maneras y sin una agotar la otra, o incluso, con una muerta y la otra viva.

Y aunque los cuentos de sus amores compartidos no dejan de ser interesantes, son sus hábitos de escritura, su pasión por lo que hacían y su dedicación, los que me han hecho ponerme a escribir, desde ayer, cuando comencé a escribir esta entrada. Se sentaban ambos en el mismo café, uno en un extremo y otro en el otro, a escribir durante horas. Lo hacían así para estar juntos, pero sin caer en la tentación de hablar. Sartre fumaba, a Simone le gustaba sostener un cigarrillo en la mano. Me gustó este detalle porque, ya que no fumo ni me siento capaz de hacerlo, sería interesante comprarme una pipa o algún cigarrillo exótico y dejar que el humo me lleve a este lugar de donde salen las oraciones. En los cafés también se reunían con amigos, de dos en dos, porque consideraban que las conversaciones en grupo no llegaban a ningún lado, no profundizaban. Quien haya trabajado o trabaje donde yo trabajo, sabe que Jean Paul y Simone tenían razón...

Simone usó su propia vida como un recurso creativo en su escritura. Esta parece ser la regla, o al menos algo aceptable, hoy en día, aunque en los tiempos de ella fue una acción transgresora y subversiva. Sartre tambien lo hizo. Pero para una mujer la misma acción tenía implicaciones mucho mayores. Ella perdió su trabajo, él no.

No he terminado de leer el libro. Y es para mí sólo una introducción porque ahora que conozco sus vidas, tengo la obligación de leer su literatura. Pero creo que me inspiran tanto porque de alguna manera un blog, o los poemas y escritura de mis amigas, o la mía, existen a partir de las ideas de estos personajes. Ellos creaban su propia vida y sobre su propia vida. Escribían las cosas más íntimas para que fueran juzgadas, no intentaban escapar tras fachadas respetables. Vivieron su propia filosofía.

Siento una atracción natural por el existencialismo. No viene de ahora sino de la única clase de filosofía que tomé en la universidad. Fue lo único que aprendí, lo único que recuerdo, y no lo aprendí bien, en realidad sólo recuerdo vagamente haberme encontrado de alguna manera en esas ideas y recuerdo también el nombre de Sartre. Cuando leí a Marguerite Duras no sabía que era existencialista, y sin embargo siempre pensé en releer su trabajo para ver si aprendía algo de su estilo. Lo hice hace unas semanas. Fue entonces cuando me di cuenta de su conexión a esta filosofía. Me atraen sus oraciones cortas, sus diálogos crudos. Leemos en su vida la vida que no nos ha tocado pero que, de alguna manera, parece un prescipicio por el que podríamos caer.

Las únicas dos veces que le he mencionado a alguien mi interés en el existencialismo, ambas personas han reaccionado horrorizadas al oír la palabra. Trae a la mente ideas de suicidio, inmoralidad, ateismo. Una de las personas era comunista, su horror fue comparable al de la persona cristiana. Me sugirió que no me volviera existencialista. Prometí que no, pero supongo que no he podido cumplir la promesa y que hoy estoy escribiendo este blog.

Así que "confieso" que me hubiera gustado ser como Simone o como Jean-Paul. Escribir en cafés, vivir en hoteles, tener muchos amantes, hombres y mujeres, todos a la vez, escribir todos los días, fumar, beber hasta caerme por las escaleras, escribir cartas de amor y de confesión. Pero que pena, no doy para eso, aún no. Me falta liberarme, me falta tener más valor, me falta locura, me falta inmoralidad y, sexualmente, no me gustan las mujeres, me falta aprender a vivir desbocadamente, me falta que no me importe lo que nadie piense, me falta desburguesarme. Pero tengo ideas. Algo es algo.

Pero bueno, estoy en eso. Tal vez cuando lo logre llegue a ser artista de verdad.

1 comments:

nicolececilia said...

yo lo quiero leer!