
María Magdalena entró en mi imaginación y en mi vida hace ya dos veranos. Entró en mi imaginación pintada de rojo, amarillo, de rosa vivo y verde. En mi vida entró como entra lo que se busca y se espera, lo que se percibe y se necesita.
Hacía unos años que leía la literatura e investigación de las mujeres dedicadas a la Diosa. La idea me llamaba, me ofrecía la posibilidad de descubrir una comunidad que explora la espiritualidad mediante la creatividad. Las imágenes de diosas, especialmente aquellas que encarnan la fertilidad, me eran muy atrayentes.
Sin embargo, a pesar de mi larga separación y auto excomulgación de la Iglesia Católica y de cualquier otra iglesia organizada del mundo, la fe transmitida por mi abuela desde tan pequeña, junto con la naturaleza agnóstica heredada de mis padres, habían dejado rastro y no me permitían del todo abrazar una creencia tan lejana.
No sé exactamente cómo llegué hasta mis creencias actuales —o falta de ellas—, sólo sé que nunca tuve paciencia para estudiar los dogmas cristianos desde ninguna perspectiva. Sin embargo, eran estas percepciones de mis años infantiles las que me impedían acercarme a la Diosa y no, como a mí me gustaría alardear, la creencia en nada. Nunca he podido evitar —y qué trabajo me da decirlo— que en los peores momentos de mi vida lo primero que me venga a la mente, y tal vez a los labios, sean un Padre Nuestro y un Ave María. Están tan grabados en mi ser que en varios momentos han sido realmente mi único sostén.
Pero el patriarcado que ofrecen las religiones cristianas actuales sigue siendo, a mi ojos, más fuerte que miles de Ave Marías. Una fe que ha oprimido a la mujer por tantos años y de tal manera, no es una fe que pueda yo respetar y apreciar en su totalidad. A pesar de la oferta de amistad, apoyo y hermandad, y por qué no, de salvación, que anuncian todas las religiones, sus estructuras tan profundamente patriarcales, comenzando por la Biblia y bajando por los dirigentes de las diversas vertientes y denominaciones, son un verdadero golpe de realidad para una mujer con algo de pensamiento crítico. Así que me he pasado por lo menos la década de los veinte años huyéndole a los cristianos proselitistas y, de vez en cuando, recayendo en el idilio de aquellas mañanas de domingo en la capilla campestre a la que asistía con mi abuela. En los treinta, década en la que todavía me faltan por completar unos añitos, me encontré con la "extraña" idea de que antes que Dios existió una Diosa y con la aún más extraña posibilidad de ver este dato como algo real y presente.
Hay quien dice que la Diosa está reencarnada en la Virgen María, pero a mí la idea de una diosa virgen me repele. ¿Cómo es eso de que la virgen es virgen y que también tuvo sólo un hijo? Me gusta más pensar (aunque no es una idea original mía) que esto es un insulto a cualquier mujer, incluyendo a María la Madre de Jesús. Cómo es que, después de haber parido 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 hijos, no te van a reconocer la hazaña, el esfuerzo, la creación de tanta vida y lo que has dado a cambio. Así que la Virgen María, cuyos milagros y cuya presencia han alentado a tantas mujeres de este mundo, a mí me ha dejado a medias y con ganas de encontrar otra dimensión que valore a la mujer por lo que es, MUJER, con etapas, deseos y poder de creación.
Claro, de niña le rezaba a la Virgen, especialmente cuando se trataba de cosas femeninas, como, digamos, la menstruación que no baja. No recuerdo haber recibido ningún milagro, tal vez no tuve suficiente fe. Pero Dios, el macho grande, ese sí me hizo bastantes milagros. Recuerdo que una vez recé para que mi mamá obtuviera un trabajo. Estábamos en malas y ella lo necesitaba. Por supuesto que lo consiguió. Siempre consideré que los Padre Nuestro eran más efectivos que las Ave Marías, así que en los momentos más difíciles de mi vida la proporción de Padres Nuestro en relación a Ave Marías ha sido muy alta. Debe ser esa la estrategia efectiva, porque no me ha fallado hasta ahora. Pero volviendo al principio de este párrafo, de niña le rezaba a la Virgen. Sí, necesitaba decirle algunas cosas a una mujer. Pero una religión sin una figura femenina de la misma estatura que la figura masculina está incompleta y sólo una niña puede sentirse satisfecha con esa opción. Sirve para una niña, porque lamentablemente es así como quisiera el cristianismo mantener a la mujer: como una niña eterna que sigue los mandatos y deseos de su Gran Padre.
Pasión y fervor no fueron palabras que entraran en mi vocabulario espiritual. El simple hecho de que hubiera tantas religiones en el mundo me confirmaba que tales obsesiones eran sólo energía perdida. Pero... de todos modos quedaba en mí un rastro transparente de esa formación temprana en la religión católica y el día que descubrí a María Magdalena, fue ese mismo "virus" de católica y las bacterias que me dejaron las lecturas sobre diosas lo que me permitieron enfermarme de amor por este personaje redentor de la mujer en la iconografía cristiana que llamamos María Magdalena.
A María Magdalena la hemos conocido siempre como la prostituta redimida, la más fiel seguidora de Jesucristo, la que lavó sus pies con perfume y lágrimas, la mujer a quién él liberó de 7 demonios. En las obras de la pintura europea, aparece María Magdalena con su pelo rojo o rubio, su jarro de alabastro en el que lleva el perfume de nardo, vestida de rojo, la cara compungida, el cuerpo desnudo; lujuria y rendición encarnadas en una mujer cuyo fervor y devoción por Jesús la salvaron del infierno y la volvieron santa. Aparece con una calavera y un libro, mirándose al espejo, aparece tratando de tocar al resucitado, aparece con el pelo suelto y tal vez con un seno descubierto, o elevándose al cielo con la ayuda de tiernos ángeles, su pelo al aire y su mirada liberada de los deseos de la carne. Es la María Magdalena que todos conocemos, la que debe haber sido el refugio de tantas mujeres rechazadas y vencidas por una sociedad opresora, y obligadas a vender su única pertenencia para sobrevivir. Siempre pensé que este aspecto de la Magdalena era su propósito: que las prostitutas, las concubinas, las mujeres "malas" tuvieran también una santa, tuvieran también una posibilidad de redimirse.
En algunas ocasiones había escuchado, a manera de chiste, que Jesús y Magdalena eran amantes, que tuvieron hijos y se casaron. Esto era un chiste muy ameno al que todo el mundo respondía con una carcajada, y dejaba ahí, en chiste sin verdad. Pero un día el chiste dejó de dar gracia y leí ese bestseller de Dan Brown, El código de DaVinci, que me dejó trastornada con sus menciones de María Magdalena, su papel y su desdicha.
El código de Da Vinci dice que María Magdalena, en efecto, fue la esposa de Jesús, y más que eso, objeto de devoción de muchas generaciones, la herejía más perseguida por la Inquisición, y el Santo Grial añorado por caballeros medievales. Las palabras de Dan Brown parecían estar de alguna manera basadas en ideas que no habían sido concebidas por él, y yo necesitaba saber cuáles eran esas ideas porque al fin había encontrado un eslabón que me reconciliara con las cosas buenas del cristianismo, mi abuela y los rezos de mi niñez.

La imagen de María Magdalena que propone Dan Brown en su novela me llenó de curiosidad y de una especie de exitación que nunca había experimentado. Estaba de vacaciones en Puerto Rico, y leía el libro donde podía: en la playa, cuando todos se iban a dormir, o cuando me robaba alguna hora durante las visitas a la familia. Cuando terminé el libro, me dije que de algún lugar había sacado Dan Brown la información sobre María Magdalena y me dispuse a leer la investigación original a ver qué decía. En Borders de Plaza las Américas, junto al Código, encontré un libro con una bella imagen de María Magdalena en la portada, escrito por Margaret Starbird. Se titula María Magdalena y el Santo Grial (en inglés The Woman With the Alabaster Jar: Mary Magdalene and the Holy Grail) y explora la herejía que identificaba a María Magdalena como el Santo Grial, la copa que llevó la sangre de Jesucristo al haberle dado una hija que se llamó Sarah y cuya tradición aún parece sobrevivir en un remoto lugar de Francia donde todos los años sacan en procesión una estatua de "Sara la Egipcia".
Según Starbird y otros estudiosos del tema, María Magdalena no sólo fue la esposa de Jesucristo, pero además fue uno de sus apóstoles. Esto explicaría por qué fue a ella la primera a quien él se le apareció luego de resucitar, y ofrecería una continuación a la historia y una explicación de por qué María Magdalena fue convertida en prostituta muchos años después cuando se decidieron los textos que se incluirían en la Biblia y los que serían eliminados. Entre los textos eliminados estuvo el Evangelio de María Magdalena, que volvió a salir a la luz cuando se descubrieron los códices de Nag Hammadi, cuyos textos originales se cree fueron escritos en los siglos I o II, y cuyas traducciones al copto provienen de los siglos III y IV. Se cree que estos códices, de la tradición gnóstica, fueron escondidos en el desierto egipcio para protegerlos de las persecuciones contra los primeros cristianos y el afán por definir la ortodoxia cristiana. Al mencionarla a ella como apóstol amada de Jesucristo, los códices dieron una nueva dimensión a este personaje y obligaron a una reevaluación de su estátus.
Algunos de estos códices mencionan a María Magdalena como la más querida discípula, heredera de la iglesia. Algunas versiones alternativas de la historia de María Magdalena dicen que, debido a que el liderazgo de una mujer en la sociedad hebrea iba tan en contra de las costumbres y creencias de la época (y supongo que de hoy también), María Magdalena se vio obligada a huír al sur de Francia. Aparentemente a Pedro el apóstol no le gustó nada que una mujer se le adelantara y heredara la iglesia. María Magdalena tuvo que escapar y llegó al sur de Francia, donde vivió el resto de sus días. Ella iba embarazada o había tenido una hija -la sangre real o sangral- y de esa hija proviene supuestamente la dinastía Merovingia. Margaret Starbird presenta muchas conexiones con referencias a este evento, en la Biblia, los textos gnósticos y el arte europeo. Todo esto lo dice también el libro de Brown por cucharadas a medida que la novela se desarrolla.
Las religiones antiguas, contrario a la cristiana, reconcen en la pareja hombre-mujer al ser completo. Tenemos a Isis y Osiris, la multitud de dioses y diosas griegos, y las parejas del panteón hindú. Sin embargo, la religión que ha regido la cultura occidental por tantos siglos, ha eliminado conscientemente a la mujer de la ecuación, dejándonos con una imagen incompleta, opresora, desvastadora del papel que debemos tener las mujeres en nuestra sociedad. Al sacar a María Magdalena de la pareja y dejar a Jesucristo virgen y en soledad, hacer a su madre eternamente virgen y eliminar a su padre terrenal, nos quedamos con unos ideales muy, muy difíciles de alcanzar. El sexo se convirtió en algo tan terrible que desde entonces hemos tenido que luchar mucho, hombre y mujeres, para reconciliarnos con una idea que debería ser lo más natural del mundo, algo así como respirar o caminar. Y sin embargo vivimos rodeados de depredadores sexuales, personas traumatizadas e incapaces de compartir o asumir su sexualidad, mujeres frígidas, hombres impotentes.
¿Qué tal si, como conservan en sus enseñanzas algunas variantes del cristianismo y el gnosticismo, se le enseñara a las personas que el ser que llamamos Jesucristo tuvo una mujer con la que logró la plenitud y con quien compartió la iluminación? ¿Qué tal si esta idea se hubiera mantenido como parte de la fe cristiana y no hubiera sido perseguida, escondida, eliminada de los textos oficiales? ¿Qué tal si, como concluye el documental sobre María Magdalena presentado en National Geographic Channel, Jesucristo hubiera sido el primer hombre feminista de la historia? Él solía reunirse ¡A SOLAS! con mujeres para enseñarles sus conocimientos. Eso era algo impensable en aquella época para la sociedad judía. Pienso que si la religión cristiana hubiera mantenido el elemento femenino, la historia de la mujer en nuestra sociedad hubiera sido bastante distinta. Fueron aparentemente las mujeres las más fieles seguidoras de Jesús y se dice también que los primeros cristianos viajaban en pareja por las aldeas para predicar su fe. Hombre y mujer juntos, con conocimientos compartidos, sin imponer condición de celibato. ¡Es una idea revolucionaria!
La idea fue, de hecho, demasiado revolucionaria, ¿Por qué, según la tradición popular, tuvo María Magdalena que huir a Francia? Aparentemente porque había conflictos internos entre los discípulos y... la iban a matar. No sólo era la favorita, sino que llevaba en su vientre "la Sangre de Cristo", y claro, era mujer. No sólo eso, su manera de ver el cristianismo era distinta y apolítica. ¿Qué habría pensado Pedro cuando María Magdalena decía algo como lo siguente? “No impongáis más preceptos que los que yo he establecido para vosotros, y no deis ninguna ley, como el legislador, para que no seáis atenazados por ella.” De acuerdo al Evangelio según María Magdalena, esto fue lo que dijo Pedro cuando se enteró de que Jesús se le había aparecido a ella y no a un hombre: “¿Ha hablado con una mujer sin que lo sepamos, y no manifiestamente, de modo que todos debamos volvernos y escucharla? ¿Es que la ha preferido a nosotros?” Parece que no estaba muy contento que digamos…
Las prédicas de María Magdalena se referían a encontrar la salvación dentro de sí mismo, mientras que los otros intentaban crear “leyes” externas. Para quien persigue el poder, el hecho de que una mujer pensara y tuviera control de su espiritualidad representaba un riesgo demasiado grande.
Algunas sectas cristianas mantuvieron a María Magdalena en sus enseñanzas, pero fueron perseguidas y sus textos destruidos. La versión del cristianismo que conocemos hoy fue en realidad articulada en los concejos entre los "Padres de la Iglesia" en los siglos III y IV, frecuentemente bajo presión del Emperador Romano del momento. (Starbird, Margaret. The Woman with the Alabaster Jar. Bear & Company, Vermont. 1993. Pp. 24-25)
Las conexiones a María Magdalena que hoy sobreviven en el arte y artesanía medieval europea son variadas. Hay una, sin embargo, que fue verdaderamente sorprendente e iluminadora para mí, especialmente en relación a la idea de la Diosa que mencioné en párrafos anteriores y en la posibilidad de reincorporación del elemento femenino a la cultura espiritual occidental, que pienso nos ha hecho tanto daño a las mujeres al ser una parte tan esencial del cristianismo. Esta conexión es la imagen de la Virgen Negra.
He escuchado a mucha gente asumir que la Virgen Negra es negra debido a la fusión de las religiones africanas con el catolicismo europeo. Esta explicación siempre me pareció extremadamente sospechosa pues la Virgen Negra viene de Europa y no es una creación americana del periodo de la esclavitud o después. Yo siempre me le quedaba mirando a esa virgen, con su "niño" tan adornado y su cara antigua y triste. Nuestra Señora —no Virgen María— es el título que se le da en las iglesias francesas. Esta imagen es en realidad el sincretismo de la antigua creencia en la Diosa y María Magdalena, camuflada en una imagen sugerente de la Virgen María para a la vez honrar y proteger el secreto de la herejía.
La explicación que lleva a esta conclusión es larga y un tanto complicada, pero a la vez fascinante. Nos lleva una vez más al cristianismo más temprano, a las luchas de poder entre los líderes ortodoxos y a los caballeros medievales, más tarde convertidos en los Templarios, constructores de templos dedicados a conservar y proteger la herejía del Santo Grial. Nos acerca también a las antiguas religiones europeas pre-cristianas, cuya deidad principal era la Diosa, la tierra, la madre, como en el caso de los celtas. Nos lleva por pasajes de la Biblia y las menciones, o no menciones, de María Magdalena y su papel protagónico en la pasión de Cristo cuando es el nombre de ella el que se menciona antes del de la madre de Jesús, y cuando es ella quien lo ve antes que nadie y lleva el mensaje de su resurreción a los demás apóstoles. Aquellos que la protegieron al tener ella que huír, primero a Egipto y luego a Francia, fueron los mismos que conservaron el secreto de su identidad y relación con Jesús por generaciones. Los caballeros de la Orden de los Templarios aparentemente se originan de una antigua secta cristiana cuyas creencias profesaban que Jesús era completamente humano y casado, y que su sangre había llegado a Provenza con su esposa, María Magdalena, y sobrevivido en la sangre de las familias nobles del lugar. Es en Provenza donde surge "la Iglesia del Amor", la cual menciona a María Magdalena como la esposa de Jesús y la que llevó al lugar la fe cristiana.
Hay un aspecto extremadamente importante del papel de María Magdalena en el cristianismo que ha sido casi completamente eliminada y que incluso los que estudian el tema casi no se atreven a plantear. Esto se debe a que no hay pruebas, pero como esto no es un tratado académico sino una exploración personal de por qué María Magdalena se ha vuelto importante para mí y por qué considero que su eliminación y conversión en prostituta nos ha afectado tanto a las mujeres occidentales, aquí va: María Magdalena y Jesús pudieron haber sido amantes tántricos. En ese caso ella, tanto como él, hubiese tenido un estátus de iluminada. En ese caso, las nociones de virginidad, abstención y sexualidad en el cristianismo tendrían que ser vistas con un cristal completamente distinto. En ese caso, la prostituta sería la encarnación de la Diosa. (Para leer más sobre esta hipótesis y una discusión del punto de vista gnóstico sobre el tema, ver: http://www.metahistory.org/MMConnectionThree.php)
De repente María Magdalena llegó a mi vida con muchas respuestas: por qué tengo que luchar más que mis colegas hombres para poder producir mi trabajo artístico, por qué no logro definirme en mi espiritualidad, por qué me atrae el tema del eroticismo, por qué hasta ahora sentí que la sexualidad era una ruta a algo, sin poder deducir lo que era. Por qué la Virgen no me habla, por qué pinté a Eva, por qué me hipnotiza la danza del vientre, por qué me he querido morir algunas veces, por qué los hombres no entienden a las mujeres y las mujeres no entendemos a los hombres, por qué mis abuelas sufrieron y sufren, por qué mi madre lucha contra todo, por qué tenemos que educar a nuestros hijos de una manera distinta. Por qué hay guerra, por qué hay hambre, por qué hay desesperanza.
De repente se me apareció la Magdalena en toda su gloria y por todos lados que miro. Como la Virgen Negra en el Porta Coeli de San Germán un año antes de leer el Código de DaVinci, en la televisión, en los libros que me caen en las manos, en las conversaciones con amigos, en las exploraciones de la Diosa y la literatura relacionada, en mi único acercamiento sincero a los pasajes de la biblia, en mi hambre por la vida.

María Magdalena pudo haber sido muchas cosas, no se sabe ni se sabrá cuál o cuáles. Discípula, apóstol, esposa, sacerdotisa... y aún si hubiera sido prostituta, su presencia humaniza y da balance a la imagen de Jesucristo, y le da el poder del ser completo al que aspiramos ser todos los seres humanos. Fuera quien fuera María Magdalena, es posible que fuera la heredera de la Iglesia, la persona más cercana a Jesús, la mujer que al ser sacada de las escrituras en una decisión consciente sirvió junto con Eva de excusa y razón para que se acusara y sacara a la mujer de cualquier puesto de poder dentro de la jerarquía cristiana, y dentro de sí misma. El resto es historia y la historia nos trae hasta hoy, donde cuatro décadas después de la Liberación Femenina, las mujeres seguimos siendo víctimas del patriarcado. Con una religión cuyas imágenes femeninas son la de Eva, la mujer culpable de la caída de la humanidad en el pecado; la Virgen María, la madre cuya relevancia depende sólo del hijo y cuyos logros propios no provienen del libro sagrado de la religión cristiana sino de la imaginación popular; y María Magdalena, la prostituta redimida, ¿qué papel puede esperar tener la mujer en su sociedad? En estos días en que el cristianismo sigue ganando terreno, la mujer lo sigue perdiendo cuando, bajo la idea de que está "liberada", se ve obligada a trabajar a tiempo completo, criar a sus hijos, mantener su casa, cocinar para la familia y aceptar las imposiciones sociales sin cuestionarlas porque de otra manera no logra tener una vida "digna". Hay todavía demasiadas mujeres "liberadas" (sus hijas y las hijas de sus hijas) enredadas en la trampa que aún no logramos vencer.
Y es precisamente esta la importancia de María Magdalena: la novia perdida, el arquetipo de la Diosa, Sofía, Apóstol de Apóstoles, hermana, madre y mujer, prostituta, amada del más amado. Sólo un personaje así, que envuelva la humanidad de una mujer y acepte en su corazón y en su mente al hombre como un ser igual a ella, puede llenar el vacío y corregir el daño que una religión incompleta, enferma y poderosa ha causado en nuestra conciencia colectiva.
María Magdalena no es para mí una fe, sino un símbolo. Mi fe, si así se le puede llamar, no es la creencia en milagros o esfuerzos inhumanos. No es la creencia en la negación de nuestros instintos primordiales ni tampoco la necesidad de seres superiores. Descubrir a María Magdalena es devolver al sistema de símbolos que he heredado (las herencias no se escogen) el elemento femenino, el elemento de conexión y redondez que destroce los cinturones de castidad con los que manejan a las niñas y a los niños, con los que nos convierten en seres incapaces de descubrir todo nuestro poder. María Magdalena, de colores cálidos y brillantes, surge en mi mecanismo espiritual en la manera en que interpreto mi ser y propósito. La pinto y siento su poder, mi poder. Leo su historia y siento su pérdida, mi pérdida. La imagino, la invento, me reconstruyo. Con pinceladas, va tomando mi forma.

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